Viernes en la noche. Insurgentes -o la avenida más grande del mundo, lo que les guste más- Regreso a mi casa del trabajo, con los niveles regulares de estrés acostumbrados para una ciudad como ésta. Nunca me voy por ahí, pero, ¿por qué no? hoy decidí cambiar de ruta. Si alguno de los pocos placeres que se le pueden encontrar al hecho de estar al volante todos los días (que si las cuentas no fallan son 780 horas, o sea, ¡33 días al año!, bajita la mano, considerando 3 horas diarias de lunes a viernes, una hora y media de ida, y otra de regreso, sin contemplar las eventualidades: comidas fuera de la oficina, citas, etc. ¿De espanto no?). Pero sigo… uno de los pocos placeres es poder escuchar algo de buena música -nunca lo hago, así que encuentro cierto gusto en poder escuchar mis discos, al menos en el coche-, poner en la radio algo divertido, el Weso en W por ejemplo, y ¡jugar de vez en cuando con las rutas!
En fechas recientes éste también se ha convertido en todo un pasatiempo vial. ¿Cómo no serlo? Debería instituirse como anexo en el nuevo reglamento de tránsito del DF. Aliviaría a cientos de miles de esquizofrénicos automovilistas que no saben encontrarle el lado bueno al tráfico -a mi gusto, un inigualable catalizador de la creatividad- ¿Cuántas nuevas calles, casas o rincones escondidos no conocería yo si no fuera porque la cola interminable de coches me obliga a buscar, como sea, la forma de esquivarlos?
En fin. Les decía. Estoy en el coche, rumbo a casa en viernes. La avenida totalmente parada. Nuestros amigos y aliados defensores de la (in)justicia, los policías de la no muy esperanzada Ciudad de México, a las vivas. Aquello es un caldo de cultivo para sacar lo que se pueda. Al fin y al cabo es viernes y hay que conseguir lana para las chelas del fin de semana.
Mi esposo me sigue en el coche de atrás. De pronto veo por el retrovisor que se detiene y, casualmente, hay una patrulla a su lado. Para no hacerla larga, resulta que, como casi no sucede con los policías en esta ciudad, lo marearon con supuestas infracciones por la supuesta no verificación del auto (sin mostrar por supuesto el reglamento, como ya es costumbre, y con una novedosa forma de chantaje: el nuevo sistema de acumulación de puntos para la revocación absoluta de la licencia).
Me marca al teléfono y me avisa lo sucedido. El hombre está histérico, obviamente (cómo no estarlo, acaba de ser pillado por un delincuente profesional). Dos segundos después me pasa lo mismo y en segundos me encuentro del otro lado de la calle, viendo a mi esposo tratar de dialogar con el policía. El que me detuvo a mí me pide que espere a que llegue su compañero. Seguro él no es muy bueno para eso de la intimidación y requiere del líder para poder hacer su jugada maestra.
¿Qué hacer cuando un delincuente trata de usar su mal habido poder para intimidar a una persona? Aunque triste, pasó lo que pasa todos los días en este país. Sí, probablemente en parte por la cultura de la corrupción, intimidación, extorsión, etc., en parte por el miedo, la inoperancia de las autoridades (y un largo etcétera) y, sí, hay que reconocerlo, por la desinformación de los ciudadanos de este país (me incluyo, por supuesto, me reconozco culpable… y los errores se pagan, en el mejor de los casos, en efectivo).
Fue hasta la casa, con la cabeza clara y el corazón tranquilo, que nos cayó encima la triste realidad y un momento de inigualable aprendizaje que no puedo más que compartirle a otros inocentes para que no les pase lo que a nosotros. Una lección invaluable que nos hace maravillarnos, una vez más, de lo lógico que es todo en este país y de lo bien que funcionan las leyes, el sistema, como le llamen, de lo bien pensado que está todo vamos: que la fecha que viene marcada en el holograma de la verificación sirve para un pepino, o mejor, para que los polis avivados te saquen una lana, porque las fechas reales las puedes encontrar en Internet u otros sitios y corresponden a un calendario programado por meses, según tu placa.
Es bien sabido por muchos que hay fechas específicas para la verificación. Lo que no es sabido es que los hologramas marcan fechas, con un periodo de gracia (según el tipo de estampa que te haya tocado), que no corroboran (y en algunos casos contradicen) el calendario establecido por los reglamentos oficiales (por si tienen tiempo y paciencia chequen esto, y ¡revisen su holograma!).
Así que bueno. Ojo y ojalá no les pase. Y si tienen otras historias de policías de tránsito del DF, bautizados por mí como delincuentes profesionales (aunque se ofendan, ¿alguien conoce a alguno honesto?), por favor, compártanlas. Así todos nos desahogamos y aprendemos de las burradas de otros. ¿Habrá algo parecido que contar en esta ciudad (no me lo imagino)?